Mucho tiempo sin escribir, cada día tardo más en volver a aportar algo nuevo a este blog. Es muy probable que algunos de mis lectores se hayan cansado de esperar...comprendería que tanta espera aburre.
En todo caso aquí estoy de nuevo, a un solo día de mi cumpleaños. 36 tacos ya...madre mía...nada menos que 36, ¡¡y que vengan muchos más!! Hace unos días estuve viendo una presentación de todas las fotos de mi infancia, realmente he cambiado poco, la expresión de mi cara no dista mucho ahora de cuando tenía 7 años. Qué recuerdos me traen esas fotos: las amigas de la calle donde vivía mi abuela, los días de playa en los que el sol no me resultaba un problema, la casita del campo en Moguer donde iba con mis tíos y mis primos a pasarlo en grande contruyendo cabañas con las ramas de los árboles que tiraba el viento, mi etapa de cuando vivía en Barcelona...
Barcelona, tengo que volver. Hace 26 años que abandoné la ciudad sin previo aviso, durante un verano a mi padre lo trasladaron a Huelva y sin poder despedirme de nadie tuve que decir adiós mentalmente a todo lo que tenía allí: el cole, las amiguitas, sólo tenía 9 años pero ya era lo suficientemente consciente como para saber, al mismo tiempo que me encantaba la idea de quedarme más cerca de mi abuela, que dejaba atrás muchos recuerdos que quedarían como en suspenso.
Este mes he llegado a soñar un par de veces que volvía a mi antigua casa de Barcelona, era alquilada, mis padres no tenían intención de quedarse allí mucho tiempo, sólo estuvimos 6 años. En el sueño el portal seguía igual, la misma puerta. En la vida real, al menos hasta hace unos 5 años, la puerta de entrada seguía ahí. Mi padre aprovechó que fue a ver a mi hermano, que estaba destinado allí, para hacer una visita a la calle. Ver las fotos del portal, de la fachada, del balcón donde estaba el salón abrió una brecha en mi. En el sueño entraba en la casa y casi estaban las cosas igual, como si no nos hubiéramos ido nunca pero con otra gente viviendo allí y que en realidad me estaban haciendo el favor de dejarme pasar para quitarme esa angustia que tenía de haber dejado las cosas de repente.
Ahora me pregunto: ¿ Por qué tengo la necesidad imperiosa de volver? Ahora mi vida está aquí y soy muy feliz con lo que tengo y la gente que me quiere...
Necesito volver y pasar página. Este fantasma del pasado me ha estado atormentando durante años cada vez con mayor intensidad. De niña, casi me daba igual que nos hubiéramos marchado de allí; ahora pienso que irnos de allí fue realmente un error, al menos el habernos ido de aquella manera.
Siento nostalgia y es duro...
miércoles, 23 de diciembre de 2009
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