martes, 23 de octubre de 2007

Malas costumbres

Recuerdo perfectamente a la edad que empecé a morderme las uñas ( bueno , quien me conoce sabe que mis uñas están intactas, lo que me muerdo es la piel de alrededor), tenía unos ocho años. Lo sé porque empecé con ese mal hábito poco antes de hacer la Primera Comunión. Y a la mala hora, tengo treinta y tres y sigo con la misma manía, solo que mis dedos ya acusan el estar reventados desde hace veinticinco años.

Lo que no tengo muy claro fue qué me impulsó a meterme los dedos en la boca la primera vez, alguna tensión en el colegio, alguna caravana en el coche de mi padre, el deseo irrefrenable de ver a mi abuela y a mis tíos que estaban tan lejos ( por entonces yo vivía en Barcelona y el resto de mi familia, a excepción de mis padres y hermano, en Huelva y Gibraleón ). En realidad no tengo la más remota idea de lo que inició todo esto.

De vez en cuando miro mis manos, no son demasiado bonitas, son grandes y anchas pero son claramente mejorables, la última falange de mis dedos está reventada, hinchada, descolorida, sí, he perdido la pigmentación de esa zona debido a las continuas heridas y , lo peor de todo, ya no me duelen los dedos. Sí, me molestan algo, pero seguro que con el tiempo me he acostumbrado a tener los dedos así y a aguantar el dolor que se supone que debería tener. Claro está, tampoco os equivoqueis, sólo están insensibles a ese tipo de heridas.

Con el tiempo la manía lejos de corregirse empeoró, ya no me bastaba con arrancarme con los dientes los trozos de piel, si que suena feo esto…, un día me vi levantándome la piel de los dedos con las uñas de la mano contraria…lindeza más adquirida.

Soluciones he intentado buscar por todos lados, mis padres me reñían, los profesores del colegio, instituto, conservatorio, universidad me llamaban la atención, incluso hoy en día quien me ve se sorprende y me dice que lo deje. Más quisiera yo, si fuera tan fácil dejarlo, ¿no pensarían que ya lo hubiera dejado? Hace 25 años que escondo los dedos, pongo las manos en garra y así disimulo un poco el maltrato que les doy.

Como soluciones, he buscado de todo, chile, productos farmacéuticos para tal efecto…nada…

Ahora escribiendo esto me miro las manos de vez en cuando y, por supuesto, no me gusta lo que veo. Jamás me verán con un anillo, ni con las uñas pintadas, nada que llame la atención, es mejor que tal como están pasen desapercibidas.

Dicen los expertos que esta mala costumbre, llamada científicamente onicofagia, es debido al nerviosismo, el stress, incluso hay quien dice que es debido a una inseguridad. Señores, las dos primeros motivos los puedo admitir, el tercero no. No soy para nada una persona insegura y además, he de reconocer que me siento bien cuando lo hago. Es terrible pero me relaja…

Algunas veces pienso que no podré erradicar esta costumbre y me apeno, me gustaría poder mostrar las manos, pero el llevarme los dedos a la boca es algo superior a mis fuerzas.

3 comentarios:

Scabio dijo...

¿Cómo puedes considerar perdida una batalla que ni siquiera ha tenido lugar? Nunca debemos rendirnos antes de intentarlo. Ya sabes que yo ahora mismo intento perder una costumbre que también es bastante fea y si considerara que no lo voy a conseguir sin intentarlo, ni siquiera haría este esfuerzo (y cuesta de verdad). Somos nosotros los que decidimos nuestras dependencias...

Anónimo dijo...

Creo que, si en un momento dado asomara el hueso, deberías empezar a preocuparte.

Die Walküre dijo...

Creo que eso sí dolería...en todo caso siempre hago propósito de enmienda y ahora estoy en fase de querer dejar mis dedos en paz. Espero que de mejor resultado que otras veces.